Camino hacia el cielo.
- Ana Sofia Ruiz

- 14 abr
- 3 min de lectura
Actualizado: 16 jul
Hoy quiero escribir sin estructura, sin perfección, sin intentar decir “lo correcto”. Quiero darte la bienvenida a este espacio y escribir sobre lo que Dios ha hecho en mí, en mi historia junto a Él y la sanación y redención que ha traído a mi vida.
Porque si algo he descubierto es que la sanación no ha llegado como lo esperaba: de forma rápida y sin dolor, la realidad es que no llega haciendo ruido, ni de golpe y mucho menos cuando ya entendiste todo; es algo que sucede despacio, casi en silencio.
Como si Dios no quisiera imponerse, sino ser recibido.
He pasado por momentos donde no entendía nada, donde no quería mirar hacia adentro porque hacerlo dolía demasiado; mi corazón estaba lleno de preguntas y Dios parecía guardar silencio.
Y aunque hoy podría decir que Él siempre estuvo, en el proceso no siempre lo he sentido. Y entender eso también es parte del camino.
Lo que he ido descubriendo es que Dios no sana desde lejos, Dios entra.
Entra en lo que no has podido ordenar, en lo que te cuesta nombrar y en lo que escondes incluso de ti mismo. Y no lo hace para señalarlo, sino para restaurarlo desde el amor.
En este proceso, María ha sido un refugio y no como una idea, sino como una presencia real. He aprendido a mirarla y entender que la obediencia, la pureza y la identidad no es perfección, sino un corazón que no se guarda nada para sí. Un corazón disponible y que confía en Dios incluso cuando no lo entiende todo.
Y ahí, en su forma de amar, he encontrado descanso.
En este camino Dios me ha dado herramientas y ha puesto personas que han sido fundamentales en el proceso de dejarme amar cada vez más por Él. Una de esas personas es San Juan Pablo II con la Teología del Cuerpo, me han ayudado a comprender algo que cambió mi forma de verme: mi historia no es un error que debe ser corregido, es un lugar donde Dios quiere habitar y desea transformar. Todo puede ser redimido si lo ponemos a los pies de Cristo en la cruz. Incluso lo que ha dolido y lo que no ha salido como esperaba.
Hoy sigo en proceso, sigo aprendiendo a confiar, a soltar, a dejar de querer controlar lo que no me corresponde; a dejarme ver por quien es el Amor y a descubrirme a través de su mirada, pero ya no camino igual, porque ahora sé que no necesito tener todo claro para estar en las manos correctas.
Si me preguntas como estoy hoy, estoy en un momento donde no entiendo lo que Dios está haciendo y si tu también estas igual, solo quiero decirte algo: Dios no te está abandonando. Te está formando. Te está sanando de una manera más profunda de la que ahora puedes ver o sentir.
Y si no sabes cómo empezar, empieza por quedarte y permanecer. Dios no necesita perfección, solo necesita un corazón dispuesto y disponible para su obra.
En este espacio no seré la única que tiene una historia por contar, o algo que compartir, aquí vas a encontrar más voces e historias que pueden ayudarte a seguir avanzando, a crecer, madurar y sanar en tu camino hacia el cielo.
Recuerda que: ¡al cielo no llegamos solos!



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